¿Cómo se llegó al cierre de contrato con Azteca?

La historia arrancó mal y terminó peor. Como esos novios que uno mira rumbo al altar y sospecha que no va a funcionar. Le pones fé, pero vamos, luego de unos años acaban divorciándose. Eso, más o menos, ocurrió con Azteca.

La historia arranca en 2011, cuando se arrancó a diseñar un plan de conectividad digital que se concretó al promulgarse la Ley de Promoción de la Banda Ancha y Construcción de la Red Dorsal (2013). Se disponía como prioridad crear una Red Dorsal, la cual venía acompañada de un conjunto de redes regionales. El objetivo era conectar a todo el interior del país, que no tenía Internet y no era atendido por los operadores privados.

Hasta entonces todo estaba bien. El primer problema surgió cuando se diseñó el contrato de licitación de la citada red. Se incluyeron una serie de condiciones que hoy está claro constituyen una falla en el diseño del plan de negocios. El precio fijado era mucho menor del vigente, pero era fijo y no se podía variar según la demanda. Además, se hizo una proyección de tráfico que nunca se cumplió, porque ya en ese entonces Bitel había empezado a desplegar fibra en la zona por donde circulaba la Dorsal y lo siguieron sus competidores Telefónica y Claro.

El plan de negocios consideraba el tráfico de datos que generarían las redes regionales enlazadas a la Red Dorsal como ramas al tronco de un árbol. Además consideraba todo el tráfico que generaría el mismo Estado a través de la Rednace. Ninguno de esas dos fuentes de tráfico de datos se concretó. Solo tres de los 21 proyectos regionales han estado operativos en el último año, cuando deberían haber estar todos listos a fines del 2019.

El romance empezó mal, según coinciden diversos analistas, porque solo hubo un postor (Azteca) en el concurso de licitación. Solo a los directivos de Azteca le pareció atractivo el esquema de tener una red que solo transporte datos y sea nexo entre las diferentes redes regionales. El formato fue una APP, asociación público-privada que recién se estrenaba. La idea era que Azteca ofreciera el uso de la red a los operadores privados por un cobro y generara dividendos que repartiría con el Estado. El Perú se ofrecía a mantener los costos si no habían clientes.

El contrato firmado en el 2014 fue por 20 años, pero tan solo un año después de entregada lista la obra – 2017 – se dieron cuenta que no tenían suficientes clientes, ni tráfico de datos. La zona donde operaba la red se había llenado de otras ofertas privadas que tenían tarifas flexibles con un valor hasta cinco veces menor que el ofrecido por Azteca. Además no estaban listas las redes regionales, que darían tráfico, ni la Rednace.

Entre el 2018 y el 2020 las relaciones entre Azteca y el MTC han sido complicadas. Se trata de tres años de idas y venidas, reuniones, estudios, análisis y discusiones sobre cómo solucionar el problema de la falta de tráfico de datos. Nunca pasó los 40 clientes, cuando se proyectaban cientos. Se llegó a utilizar el 10% de la red, según un informe del Banco Mundial, pero luego fueron perdiendo a los pocos que tenían y ya para el año pasado estaban en 7%, según informó el mismo operador.

Para los diversos analistas era evidente que no había solución bonita para el problema. Si lo convertías en tarifa libre estarías poniendo a competir con ventaja – al ser un operador subvencionado por el MTC – frente a los privados, lo cual va contra la constitución. Se empezó a hablar de partirla para privatizarla, ya sea en trozos o entera, de redefinir el modelo o de cambiar la ley. Entre tanto, el rumor de que Azteca había decidido irse crecía.

Durante un par de años se sentaron a debatir cual era la mejor forma de terminar el contrato, que a todas luces era inviable para Perú, quien gastaba en pagar el mantenimiento total de un bien que a estas alturas ya debía tener sus propios ingresos. El operador logró tener sus estados financieros en azul gracias a las rebajas de tarifas cobradas por interconexión, pero porque era el Estado quien cubría sus costos, no por ventas a terceros, como estaba previsto.

En el 2019 el MTC propuso algunos cambios al contrato, vía adenda, que el operador no aceptó. Para diciembre presentó otra propuesta de adenda en donde se proponía un cierre de contrato y entrega de la red a lo largo de 11 meses. Azteca asegura que dicha adenda fue fruto de dos años de reuniones. El Gobierno peruano no la aceptó porque las condiciones no le eran favorables. Entonces remitieron otra propuesta de adenda a mediados del 2020. Esta vez fue Azteca quien no aceptó la propuesta.

El divorcio por mutuo acuerdo perdió toda posibilidad de concretarse a mediados del año pasado. Entonces solo quedaba recurrir a un cierre unilateral. Virginia Nakagawa señala, exviceministra de comunicaciones asegura que se hizo de todo para que Azteca estuviera contenta, pero ellos no aceptaron y solo restaba terminar la relación. Se necesitaba una decisión política en medio de la pandemia que no se concreto. MTC aseguró que ese matrimonio ya no continuaría, pero no se llegaba a concretar en blanco y negro esa decisión. Recién la semana pasada el nuevo presidente Sagasti ha informado que se resolverá el contrato. El fallido noviazgo finalmente ha llegado a su fin.

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