La meta, para el 2016, era tener el 100% de colegios conectados

Revisando y ordenando cajones, encontré un documento de julio del 2010 elaborado por la comisión multisectorial encargada de diseñar el plan nacional para el desarrollo de banda ancha en el Perú. Es una recopilación de los ideales de aquel entonces, antes de tener la Red Dorsal, esa que hoy solo se usa en un 10% de su capacidad.

El documento arranca fijando una meta muy clara para el 2016: tener el 100% de centros educativos y establecimientos de salud conectados a la banda ancha, es decir a Internet de alta velocidad (más de 1Mbps en la época). Además se establece que todos los distritos tengan, al menos, a la municipalidad conectada. Esto significaba superar los 4 millones de enlaces fijos en alta velocidad, es decir cuatro veces más lo que existía en la época. Hablamos de un 12,7% de penetración.

La primera recomendación del estudio fue construir una Red Dorsal de fibra óptica a nivel nacional. Entonces sonaba como un objetivo muy ambicioso, pues la cobertura estaba concentrada en la costa y los operadores señalaban que no era atractivo comercialmente tender redes en el interior.

La historia, lo que en realidad sucedió, la conocemos todos y no está demás recordarla. En 2012 se promulgó la ley propuesta y para el 2014 teníamos a un operador encargado de construir la Red Dorsal. Azteca, el ganador de dicha licitación, arrancó la obra y cumplió con el plazo de entrega: mediados del 2016. Pero solo se trataba de la troncal, es decir de la fibra que conecta departamentos. El resto de la red – cada distrito de las provincias – está comprendida en 21 proyectos regionales que se fueron licitando aparte, por grupos, a diferentes operadores. Esos sufrieron grandes retrasos. Recién se han entregado tres y con más de tres años de retraso.

En el 2016 no se llegó a los cuatro millones de conexiones fijas. Ni siquiera en el 2020, diez años después, se ha logrado ampliar tanto la base instalada de fibra en los hogares y no se superaron los tres millones. Felizmente, una tecnología no prevista con tanta claridad ha permitido que hoy siete de cada diez peruanos tenga acceso a Internet: la conectividad móvil a través de los smartphone.

Las cifras más recientes del INEI nos señalan que 8 de cada 10 peruanos accede a Internet desde el celular y que el 61,7% de los hogares de Lima Metropolitana disponen de Internet. En el ámbito rural, si bien se ha ido mejorando en los últimos años, aun se tiene una penetración del servicio en solo el 11,1% de los hogares.

En el 2019 se informó de manera oficial (Minedu) que el 60% de las instituciones educativas públicas estaban sin equipamiento tecnológico adecuado, el 79% de los locales educativos no tenían acceso a Internet y el 55% de los docentes no poseía habilidades para usar tecnologías digitales en el aula. Este año, además, se supo que solo el 38% de los colegios estatales tienen agua, luz y desagüe. El 72% tiene infraestructura deteriorada y el 45% tienen que ser demolidos y reconstruidos.

Con la pandemia y el decreto de tener las clases bajo la modalidad a distancia, habría sido de gran ayuda contar con, al menos la mitad de los colegios públicos del país con acceso a Internet de alta velocidad, ya sea fijo o móvil. En las áreas rurales es donde más se ha sentido la carencia este año. Me temo que el sueño del 2010 no se concretó, sobre todo, por el retraso en la concreción de las redes regionales de fibra óptica. Y los perjudicados, en esta crisis sanitaria, han sido los alumnos de menos recursos.